domingo, 29 de septiembre de 2013

Apuntes Jacobeos: San Ero de Armenteira (o San Virilá de Leyre)


San Ero, en el monasterio de Armenteira. Foto: J.Cerdeira

                  Y un gran milagro os quiero ahora contar
                  que hizo Santa María por un monje que a rogar
                  le iba siempre que le mostrara qué bien en el Paraíso hay.

      Puede que el milagro haya ocurrido en Leyre, en la zona navarra del camino francés, o puede que en Armenteira, en la vinícola comarca pontevedresa del Salnés, que en ambos sitios se cuenta. Es probable, aunque el Camino sea largo, que se trate de la misma leyenda, o cabe que tengan orígenes distintos, aunque iguales argumentos. En todo caso, si San Virilá había sido abad del monasterio de Leyre, San Ero fue abad y fundador del de Armenteira, y si la historia navarra es más popular, por quedar en camino de más tránsito (lógicamente el camino portugués, en el que se encuentra Armenteira, no alcanzó la popularidad del francés), Armenteira tiene la ventaja de que el contador del milagro, don Alfonso el Sabio, eligió el gallego para referírnoslo. Sin embargo el monarca escritor se guardó muy bien de localizar la historia en un punto determinado del país.

      Bien, don Ero (al que nos referiremos en adelante) entró en el huerto como solía hacer a menudo, lugar al que se retiraba a orar y meditar. Mais aquel día, unha fonte achou mui crara e mui fermosa, e cab’ela s’asentou. Y allí se dirigió a la Virgen inquiriendo: se verei do Paraíso o que ch’eu muito pidín, un pouco do seu vico antes que saya d’aquí. Aún no había terminado el monje su oración cuando oyó unha passariña cantar logo en tan bon son, que se esqueceu de todo, de comer, de beber, de sus queridos hermanos, e grandes trescentos anos estivo así ou mais...

      De pronto, foisse a passariña y don Ero volvió a la realidad. Y se dio cuenta de que debía retornar al convento pues sus monjes estarían esperándolo para comer. Pero, hete aquí que:

                  foisse logo ó convento e achou un gran portal
                  que nunca vira, e dise: ¡Ai Santa María me val!
                  Non é este o meu mosteiro; e pois de min qué será.

      Don Ero, acobardado, entró en la que suponía era su iglesia, pero en la que a nadie conocía; y los monjes que en ella oraban se asustaron al ver que un extraño penetraba en aquel templo reservado a los frailes del convento. Sólo al prior le quedó presencia de ánimo suficiente para preguntar: Amigo, ¿vos quén sodes ou qué buscades aquí? El viejo abad seguía desconcertado, ¿cómo, en su propia casa, podía preguntarle alguien que quién era? No obstante, se sobrepuso por un momento y contestó disimulando: Busco ó meu abade, e ó prior, e ós frades que agora deixei aquí... quando fun a’quela horta.

      El abad interpretó aquellas palabras extrañas como un mal presagio para él y para el convento. ¿Habría algún mensaje oculto que el Señor quisiera transmitirle a través de aquel loco vagabundo? Quiso saber más, y preguntó, y el recién llegado explicó cómo él era abad de un convento y había salido al jardín para orar, pero un maravilloso canto de una passariña le distrajo y... De todo se enteró el nuevo abad, y recordó que, precisamente trescientos años antes, el abad que fundara el convento había desaparecido. Preguntó pues el nombre del desconocido, y cuando supo que se llamaba Ero se maravilló, con todos sus monjes, y dijo:

                  ¡Quen oirá...
                  nunca tan gran maravilla como Deus por éste fez
                  polo rogo de sa Madre, Virgen Santa de gran prez!

                  E por essto a loemos, pois quen a Virgen ben servirá
                  o Paraíso irá.

      Armenteira, tierra del Salnés, de fértiles huertas y de buenos vinos; un monasterio situado en pleno camino portugués, pero cuyas leyendas le unen con Navarra, con Leyre, con la búsqueda del más allá (véase, en este sentido, el apunte Ultreya, con cuya leyenda de san Amaro hay una estrecha relación). 


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Gallegos por el Mundo: Miguel Cabanela


El doctor Miguel Cabanela. Foto: EFE


UN RENOMBRADO CIRUJANO GALLEGO, DE LA CLÍNICA MAYO, OPERA A S.M. EL REY
Un médico campechano para el Rey más campechano


"El Rey está en las mejores manos, Miguel Cabanela es un excelente profesional y un ser extraodinario desde el punto de vista humano", destaca, emocionado, el alcalde de Mondoñedo, Orlando González Cruz. "Es un hombre muy próximo, muy cercano a la gente del pueblo", añade. El cirujano que ha operado a Don Juan Carlos de la cadera es un prestigioso médico que trabaja desde hace más de cuarenta años en la Clínica Mayo de Estados Unidos y que sigue yendo con cierta regularidad al pueblo de Lugo en el que nació en 1942. Allí están muy orgullosos de Cabanela, que fue nombrado hijo predilecto hace doce años y que ha puesto Mondoñedo en todas las portadas de los periódicos.

"Es un hombre muy campechano", afirman los propietarios del bar Castro. "Cabanela viene con frecuencia al pueblo, aunque venía más antes de que se muriera el padre. A veces le acompaña su mujer, que es vasca, otras viene con el hijo que tiene en Estados Unidos también y otras, con el que vive en Bilbao", comentan. Ninguno de ellos ha seguido la profesión familiar: uno es astrofísico y el otro, experto en literatura inglesa. 

A este médico gallego, que ha aconsejado al Rey que se opere de nuevo de la cadera tras detectar un foco infeccioso, le describen como cercano: "Cuando viene pasea por el pueblo, habla con la gente... Todavía tiene contacto con los de aquí. La última vez que vino fue hace un mes más o menos. Es muy del pueblo".

En Casa Demetrio, un restaurante que está a las afueras del pueblo, dicen que de oídas sí le conocen, pero que era más conocido el padre. "A la familia sí la conocemos, sí", coinciden en A taberna da Valeco. El padre del especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología, Enrique Cabanela, falleció hace cuatro años y fue el médico del pueblo "y un gran cirujano" hasta que se jubiló en 1984. "Enrique operó a media Mariña lucense", asegura. El actual alcalde, González, también médico, le atendió en sus últimos años de vida, de ahí su relación con Miguel.

González, del BNG, destaca la calidad humana de Miguel, su vocación de servicio y su accesibilidad: "Cuando venía la gente se acercaba a su casa a hacerle consultas de traumatología y él les atendía de forma desinteresada. Incluso ayudó a algún mindoniense a ir a la Clínica Mayo a operarse". El alcalde subraya que para Mondoñedo es "un honor que Cabanela esté hoy en todos los periódicos y en todas las televisiones". 

En su vídeo de presentación en una web médica estadounidense, se destaca que Miguel Cabanela es un especialista en cirugía ortopédica que tiene 43 años de experiencia en este campo, en el que tiene muy buena consideración entre los pacientes. De hecho, ganó el Premio de la Elección de los Pacientes, que le dan un 3,5 sobre 4 en las votaciones. El doctor Cabanela, que estudió en la Universidad de Santiago, ha publicado artículos en revistas de prestigio y su tiempo medio de espera cuando atiende a los pacientes es de 18 minutos, según el vídeo. 

Cabanela suele operar en España y visita regularmente su país natal para participar en congresos e impartir conferencias. El prestigioso cirujano fue reconocido con la Medalla de Plata de la Xunta de Galicia y en 2009 recibió el premio Fenin de Innovación Tecnológica Sanitaria por sus aportaciones a la Cirugía Ortopédica en la campo de la Cirugía de la Cadera y de la Rodilla. Cabanela cedió los 12.000 euros del galardón a la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología para la formación de un joven médico español en EEUU. La Clínica Mayo de Rochester, en Minnesota, está considerado el tercer mejor hospital del país y es el segundo en la especialidad de cirugía de estas características.
...
P.S.: Miguel Cabanela recibió en 2003 el Premio Novoa Santos que otorga la Asociación de Médicos Gallegos (Asomega).

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El doctor Cabanela nos explica los avances en prótesis de cadera y rodilla:


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Presentación en la Casa de Galicia de 'La Gran Obra de los Caminos de Santiago', editada por Hércules de Ediciones


Presentación de los quince tomos de la colección publicados hasta ahora

Madrid, 17 de septembro de 2013
O titular da Xunta, Alberto Núñez Feijóo, presidiu esta tarde en Madrid a presentación da colección La Gran Obra de los Caminos de Santiago, editada por Hércules de Ediciones, unha colección que, dixo, “é plenamente consecuente coa experiencia peregrina” ao “abrir de par en par as portas do Camiño”, para que non sexa xamais “unha finca illada, senón que permita entrar a todo aquel que o desexe; e ao demostrar “que a cultura xacobea está viva, máis viva que nunca”.
Preto de duascentas persoas acudiron á Casa de Galicia para presenciar o acto que presidiu Feijóo e no que interviñeron tamén o delegado da Xunta en Madrid e director da Casa, José Ramón Ónega López; o presidente de Hércules Ediciones, Francisco Rodríguez Iglesias; e o coordinador da obra, Segundo Vázquez Portomeñe.
Na súas palabras o mandatario galego remarcou que, ao igual que a experiencia de calquera peregrino que se achega a Compostela, a obra presentada hoxe é como “unha moeda de dúas caras, que por un lado absorbe toda a forza acumulada polo Camiño no pasado e polo outro o engrandece para o futuro”.
“Como o Xacobeo, cada achega a favor do Camiño permite confiar en que este fenómeno se prolongue durante moitos séculos máis”, engadiu Feijó, incidindo en que hoxe esa confianza lla debemos aos ilustradores, fotógrafos, escritores e editores que fixeron posible esta obra.
O presidente galego aludiu a que as rutas que conducen a Compostela explican, en boa medida, “o que somos” e polo tanto, dixo “merecen a nosa dedicación e os nosos coidados para mantelas e engrandecelas”. “Estudar os camiños, coñecelos e difundilos é tamén unha maneira de asentalos, de mantelos e de compartilos con calquera persoa do mundo”, sinalou, por iso convidou aos autores da colección presentada hoxe a continuar esta  tarefa no futuro “porque detrás dela –abundou-, hai algo máis que a simple recompilación de datos”
Feijóo tamén se referiu a que no día de hoxe asinou un convenio de colaboración co ministro de Industria para incorporar as vantaxes de internet ao Camiño de Santiago, xornada que pecha coa presentación desta obra que reflicte a vivencia da peregrinación. Dous actos nos que, dixo, “conflúe o mesmo acerto que inspirou aos impulsores do Xacobeo: o acerto de querer coñecernos mellor, pero tamén de dar a coñecer o noso”, concluíu.  
Pola súa banda, o director da Casa de Galicia en Madrid, José Ramón Ónega, referiuse a esta colección como “un xardín de esforzos que recolle tesouros de cultura, arte, historia, crenzas, fe indestrutible, paisaxes e aromas do que fomos e somos. Acaso –precisou-, porque, como expresaba Petrarca, os libros ensinan a vivir e a morrer”.
Así mesmo, afirmou que os autores, coordinador e editor desta obra, “magnífica de contidos e excepcionalmente valiosa na súa dimensión cultural”, non só recuperaron o pasado senón que son “enxeñeiros da alma, artífices do pasado”. “Esta obra ten perfumes, matices, ensinanzas, percorridos e secretos que quedarán como referencia por moito tempo. É unha obra maxistral. O camiño é un espazo de vida, un territorio que sempre estará con nós porque é noso”, sentenciou.
Departamento de Prensa de la Casa de Galicia

Propiedades de la vieira

 
Pecten Jacobaeus. Foto: Wikimedia.org
 
La vieira constituye en la dieta del hombre un alimento de procedencia animal, de la familia pectinidae, género pecten y especie jacobaeus. En lo que se refiere al tipo de alimento, pertenece al grupo mariscos, y por sus características lo enmarcamos dentro de la rama moluscos con caparazón.

En cuanto al aspecto nutricional, es un alimento con un significativo aporte de yodo, selenio, proteínas, agua, magnesio y fósforo. El resto de nutrientes presentes en este alimento, ordenados por relevancia de su presencia, son: potasio, vitamina B12, vitamina B3, cinc, sodio, hierro, colesterol, vitamina B6, calorías, vitamina B2, calcio, vitamina B9, vitamina E, hidratos de carbono, vitamina B, retinol, vitamina A, ácidos grasos poliinsaturados, grasa, ácidos grasos saturados y ácidos grasos mono insaturados.

Por la presencia de yodo entre sus nutrientes, la vieira favorece el funcionamiento de los tejidos nerviosos y musculares, así como el sistema circulatorio. Además, el yodo, colabora en el metabolismo de otros nutrientes, y juega un papel esencial en el adecuado desarrollo de la glándula tiroidea.

Por su contenido en selenio, la vieira refuerza la protección contra enfermedades cardiovasculares a la vez que estimula el sistema inmunológico. El carácter antioxidante del selenio, retarda el proceso de envejecimiento celular, a la vez que le confieren propiedades preventivas contra el cáncer. La acción de este nutriente guarda relación con la actividad de la vitamina E.

Por su relevante aporte de proteínas, la vieira es idónea para el adecuado crecimiento y desarrollo del organismo, favoreciendo las funciones estructural, inmunológica, enzimática (acelerando las reacciones químicas), homeostática (colaborando al mantenimiento del pH) y protectora-defensiva.

La vieira contiene un 80,70% de agua, y por lo tanto favorece la hidratación de nuestro organismo, al que debemos abastecer, incluyendo el consumo a través de los alimentos, con una cantidad de agua que oscila entre los 2,7 y los 3,7 litros, dependiendo de cada constitución, de la actividad física desarrollada, o de estados como el embarazo, la lactancia, enfermedad o exposición a fuentes de calor, circunstancias estas últimas donde las necesidades de consumo aumentan.

Al tratarse de un alimento rico en magnesio, contribuye a mejorar tanto el tono muscular como el neuronal, favoreciendo la transmisión de los impulsos nerviosos, y la contracción y relajación de los músculos. La presencia de magnesio, hace además, que la vieira sea eficaz en el reforzamiento del sistema óseo y la dentadura, y muy conveniente para el sistema cardiovascular, ayudando a mantener estable el ritmo cardíaco y la presión arterial, protegiendo las paredes de los vasos sanguíneos y actuando como vasodilatador, evitando de esta manera la formación de coágulos. Además, con el magnesio, se aumenta la producción de glóbulos blancos para beneficio del sistema inmunitario. Se estima que alrededor del 60% del magnesio que asimilamos se asienta en huesos y dientes, el 28% en órganos y músculos, y el 2% restante en líquidos corporales.

Debido al aporte de fósforo, la vieira contribuye a la mejora de determinadas funciones de nuestro organismo como la formación y desarrollo de huesos y dientes, la secreción de leche materna, la división y metabolismo celular o la formación de tejidos musculares. La presencia de fósforo (en forma de fosfolípidos) en las membranas celulares del cerebro es fundamental, favoreciendo la comunicación entre sus células, mejorando de esta manera el rendimiento intelectual y la memoria.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

En memoria y recuerdo de Enrique Beotas

 
Enrique Santín, Canciller de la EOV
  
 Por Enrique Santín, Canciller de la Enxebre Orde da Vieira
 
Decir que el 24 de julio, el trágico accidente ferroviario, ocurrido en las inmediaciones de Santiago, conmovió a toda España, es constatar una evidencia. Ante aquella desgracia, muchos contuvimos la respiración y sentimos atenazadas nuestras gargantas de dolor y de rabia, ante la triste realidad de unos hechos que nos resistíamos a aceptar y reconocer. Aquella fatídica fecha y aquella maldita curva de Angrois convirtieron en “nefastos” los “fastos” del Apóstol, que, Galicia y España, se disponían a celebrar con la solemnidad y brillantez de otros años. Pero la muerte vino a truncar muchas vidas y causar lesiones a muchas personas que sin pretenderlo, algunas de ellas realizaban el que sería su último viaje.
 
Afirmada, con carácter general, la anterior consternación que nos produjeron y nos producen todas las víctimas de aquel luctuoso accidente, permítaseme que en la doble condición de fundador de Aegama y Canciller de la Orden de la Vieira, a cuyas dos entidades pertenecía Enrique Beotas, le dedique a este “gallego de Ávila” un merecido y sentido recuerdo y homenaje. En primer lugar, me permito afirmar que para los gallegos, Beotas no se fue; a Beotas nos lo han arrebatado. Beotas, ni se ha ido, ni está ausente. Su presencia permanece y se acrecienta en el corazón y la mente de todos los gallegos, sabiendo que, nacido en la ciudad de la mística abulense, fue cautivado por Galicia y supo hermanar cordial y fielmente su ascendencia abulense con su espíritu galaico, universal, peregrino y jacobeo. Fue un atleta de la galleguidad en el mundo.
 
Enrique fue un infatigable defensor y propagador de las más importantes y egregias personalidades de Galicia y de sus obras y realizaciones, tanto en nuestra tierra como en el exterior. A él se debe la afortunada idea e iniciativa de crear la que él bautizó como la “Sexta Provincia gallega”, referida a los gallegos del exterior extendidos por el mundo y que venía a sumarse así a la ciudad de Buenos Aires considerada tradicionalmente como la “Quinta provincia gallega”. Asumido el doloroso trance que nos produjo su muerte, el destino o, si se quiere, la providencia han querido premiar a Galicia, acogiendo sus restos como prenda definitiva de su entrega a la patria de adopción que tanto amó. Querido Beotas, en nombre de todos los gallegos, gracias y paz.
 

martes, 10 de septiembre de 2013

Hoy recordamos: el nacimiento de Alberto Núñez Feijoo


Alberto Núñez Feijoo

Tal día como hoy del año 1961 nacía en Ourense Alberto Núñez Feijoo. Su infancia transcurrió en Os Peares, pequeña aldea de la provincia de Ourense, hasta completar sus estudios de bachillerato. Entonces se trasladó a Santiago de Compostela para cursar estudios de derecho. Desde 1985, ya licenciado, hasta 1991 trabajó como funcionario interino en el Cuerpo Superior de la Administración General de la Xunta de Galicia. A partir de ese momento, ocupó los siguientes cargos:

En Galicia:
  • Presidente de la Xunta de Galicia(2012)
  • Presidente de la Xunta de Galicia (2009).
  • Vicepresidente Primero de la Xunta de Galicia (2004-2005).
  • Consejero de Política Territorial, Obras Públicas y Vivienda (2003-2005).
  • Vicepresidente y secretario general del Servicio Gallego de Salud (1992-1996).
  • Secretario General de la Consejería de Sanidad y Servicios Sociales (1991-1996).
  • Secretario General Técnico de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Montes (1991).
En la Administración General del Estado:
  • Secretario General de Asistencia Sanitaria en el Ministerio de Sanidad y Consumo (1996-2000).
  • Presidente de la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos, S.A. (2001-2003).
  • Presidente del Insalud (1996-2000).

Cargos en el Partido Popular:

En el Partido Popular, ocupó los siguientes cargos:
  • Miembro del Comité de Dirección del PP de Orense. 2002.
  • Miembro del Comité provincial del PP de Orense. 2002.
  • Miembro del Comité de Dirección del PP en Pontevedra. 2004.
  • Miembro del Comité provincial del PP de Pontevedra. 2004.
  • Forma parte del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular (desde el año 2005).
  • Diputado autonómico del PPdeG por Pontevedra. Agosto de 2005.
  • Elegido Presidente del PPdeG en el XIII Congreso celebrado el 15 de enero de 2006.

Cargos en empresas:

Formó parte de diversos consejos de administración de empresas públicas y privadas:
  • Banco de Crédito Local.
  • Empresa Nacional de Autopistas
  • Paradores de Turismo de España, S.A.
  • Instituto Gallego de Medicina Técnica.
  • International Post Corporation.
  • Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
  • Chronopost Express.
También fue miembro del Consejo Asesor de Telecomunicaciones y del Consejo Asesor Postal.

¡Feliz cumpleaños!

domingo, 8 de septiembre de 2013

Xosé María Díaz Castro: A lus do mundo


Xosé Mª Díaz Castro

O Homenaxeado do Día das Letras Galegas 2014 é Xosé María Díaz Castro (1914 - 1989), poeta orixinario de Os Vilares de Parga, Guitiriz (Lugo).
Currículum: Ós 17 anos ingresou no Seminario de Mondoñedo e cando saíu en 1936, exerceu de profesor de Ensinanza Media en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra). En 1948, tras licenciarse en Filosofía e Letras, trasladouse a Madrid, onde alternou a docencia coa traducción no Ministerio da Gobernación. Tamén traballou no Instituto de Cultura Hispánica e no Consello Superior Científico. 
Obras realizadas: Escribiu os primeiros versos ós 12 anos e o seu primeiro poema publicouno ós 16 na revista "Lluvia de rosas" (Tarragona) da que foi colaborador. Desde Madrid publicou asiduamente poemas na revista "Alba". A súa consagración produciuse coa aparición do tomo IV da Escolma da poesía galega (1955) de Francisco Fernández del Riego. Tamén publicou poemas e artigos de crítica e ensaio en xornais de Vilalba, Mondoñedo, Viveiro, Lugo, Pamplona, Vigo e nas revistas "Estafeta literaria" e "Ínsula" de Madrid. En 1946 publicou Nascida dun sono e El cántico de la ciudad e en 1961 Nimbos, a súa obra máis importante. Publicou, ademais, traduccións ó galego e ó castelán de poetas e prosistas europeos, multitude de poemas e os libros Sombra radiante e Mediodía.
Outros datos de interese: O seu poema "Penélope" foi traducido ó francés na antoloxía Terre d'Espagne de Francoise Pechère e aparece a referencia crítica á súa obra na revista alemana "Humboldt". En 1946 gañou os primeiros premios de poesía galega e castelá nos Xogos Florais de Betanzos (A Coruña).
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La Real Academia Galega (RAG) presentó el programa de actos que rodean el homenaje audiovisual al poeta Xosé María Díaz Castro y, entre ellos, el documental realizado por el instituto de Guitiriz que lleva su nombre. Xosé María Díaz Castro será homenajeado en el "Día das letras galegas 2014".


viernes, 6 de septiembre de 2013

La patología de los políticos, nuevo libro de Enrique Santín


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Don Enrique Santín Díaz, Canciller de la Enxebre Orde da Vieira, nos sorprende con una nueva publicación en la que afronta uno de los asuntos más candentes y de máxima prioridad para nuestra sociedad actual: la patología de los políticos y la necesidad perentoria de regeneración. Desde una perspectiva humanista y racional, analiza con singular agudeza los males o enfermedades de la comunidad política presente.

La originalidad del punto de vista del autor es uno de los rasgos fundamentales. Enrique Santín acerca la persona del político al lector a través del símil del cuerpo humano (la salud, los males, el pulso, los cinco sentidos del político...) y, con esta perspectiva, tan "humana", va diseccionando pormenorizadamente todos los rasgos de su personalidad: sus virtudes y sus defectos, sus fortalezas y sus debilidades...Y es desde esa actitud de comprensión y tolerancia, pero en absoluto de condescendencia y permisividad, desde donde coloca lo más alto nivel de exigencia y ética.


El libro se estructura en tres partes: la primera, "Patologías", aborda la etiología o causa de los distintos males que aquejan al político, realizando un análisis pormenorizado y un diagnóstico certero; la segunda parte, bajo el epígrafe de "Terapias", propone los tratamientos adecuados para curar las dolencias del paciente y evitar la aparición de males futuros; y por último, el Epílogo que, bajo el título "La importancia del político", constituye una reivindicación de la figura del político en la sociedad, como expresa el propio autor: "Con independencia del saldo positivo o negativo que arroje el balance de su gestión, su influencia en nuestras vidas es tan innegable como inevitable. Nadie puede sustraerse a las consecuencias de la acción política".

domingo, 1 de septiembre de 2013

El verano del 2013


En estos momentos de comienzo de curso, echamos un último vistazo a lo que nos deparó este brillante verano del 2013 que, lamentablemente, toca a su fin:


José Cerdeira, acompañado por el Alcalde de Cambados y el Patrón Mayor, agradece, en nombre del Consello de la Enxebre Orde da Vieira, el reconocimiento recibido.

Para empezar, nada mejor que agradecer el importante reconocimiento que el Ayuntamiento de Cambados y su Patronato de Fiestas entregó a nuestra Orden por su destacada labor de promoción social (ver programa). Tanto el trofeo, una concha de vieira de bronce obra del escultor Alfredo Iglesias, como el diploma acreditativo fueron recogidos por José Cerdeira en nombre del Consello de la Orden.

Alegre xuntanza en Beariz

Como es lógico, el comienzo de agosto y, por tanto, del período vacacional, lo llenó todo de fiestas y reuniones de amigos. La primera, el sábado 2 de agosto, fue la de los Amigos da Terra de Montes, que en esta ocasión tuvo lugar en el ayuntamiento de Beariz. Fue un día muy completo que sirvió para reencontrarnos de nuevo con esos viejos amigos a los que sólo vemos de año en año.



El martes día 13 nos juntamos de nuevo en una preciosa finca de Bora, al lado de Pontevedra, donde nos reencontramos con los tradicionales productos de la Tierra y pudimos confraternizar hasta que la tarde comenzó a dar síntomas de agotamiento.



Dicen en Pontevedra que "pasada la Peregrina, invierno encima". Este año, no; este año no hubo ni un solo día que no saliera a relucir nuestro astro rey. Así que, llegado el día 19, y pasada por tanto la Peregrina, la tertulia continuó en el Muiño do Crego que, como siempre, estuvo gratamente amenizada por el acordeón de nuestro amigo y formidable anfitrión  Pablo Dovalo.

Elías ejerciendo de anfitrión

Y no pudo faltar tampoco la reunión en Trabada de los "amigos de Elías" que, como todos los 22 de agosto, nos reunimos en Trabada por obra y gracia de la amabilidad de nuestro excepcional anfitrión..

El monasterio de Carboeiro. Foto M.Barros

Pero no todo fueron reuniones gastronómicas. La cultura es algo que no se puede dejar olvidada en unas vacaciones. Así que aprovechamos para visitar nuevamente el renovado monasterio de Carvoeiro, inmerso en un paisaje maravilloso y de vegetación exuberante.

Fervenza del Toxa, en Silleda. Foto M.Barros

No lejos de Carvoeiro queda la imponente cascada del río Toxa, un paraje espectacular que ningún amante de la naturaleza debe perderse.

Sala capitular del monasterio de Oseira con sus sorprendentes columnas. Foto: M.Barros

El día 7 aprovechamos para acercarnos al monasterio de Oseira, un cenobio grandioso destrozado por la tristemente famosa amortización de Mendizábal. A pesar de los destrozos, todavía podemos contemplar un edificio reconstruido que conserva numerosos aposentos de una belleza increíble. Sirva de muestra la sala capitular con sus famosas columnas de extraño tallado capaz de confundir la vista de quienes no dediquen el tiempo suficiente a observarlas.

Pequeña sala de exposiciones en el monasterio de Poio. Foto: J.Cerdeira

Siguiendo con nuestra aproximación a los monasterios gallegos, el día 16 aprovechamos para acercarnos al de Poio, un lugar ineludible en las cercanías de Pontevedra. Allí, además de contemplar el hórreo más grande de Galicia (ya sé, ya sé, sólo es el más grande en superficie cubierta...), pudimos reencontrarnos con la historia de la legendaria santa Trahamunda, aquella que volvió volando desde la lejana Córdoba a su Poio natal por concesión divina ante su lamentable estado de morriña.

Bello rincón en la iglesia del monasterio de Armenteira. Foto: J.Cerdeira

Y a un tiro de piedra de Poio está Armenteira. En los próximos días incluiremos en el blog la conocida historia del legendario San Ero de Armenteira, el santo al que trescientos años le parecieron una nadería entretenido como estaba en escuchar a un pajarillo.

Santo Estevo de Ribas de Sil, hoy Parador Nacional. Foto: J.Cerdeira

Para Santo Estevo de Ribas de Sil guardamos la mañana del miércoles día 21 de agosto. Este viejo monasterio, hoy convertido en Parador, es de una grandiosidad imponente, y su localización en un paraje de vegetación exuberante y localizado sobre el propio cañón del Sil, hacen de él un recuerdo imborrable.

Por otra parte, sus mil historias de obispos (siete, eran siete)  y salmones hacen de la estancia aquí algo sumamente entretenido y didáctico.


Monasterio de San Pedro de Rocas. Foto: M.Barros

Toda la Ribeira Sacra está llena de arte que toma tanto la forma de monasterios como de pequeñas iglesias perdidas entre las laderas de un paisaje inolvidable. Uno de esos monasterios, quizá uno de los que más impresionado deja al visitante, es el de San Pedro de Rocas, a tiro de piedra del de Santo Estevo. Su antigüedad (siglo VI) y sus viejas tumbas excavadas en la dura roca nos hablan de los primeros tiempos del mundo eremítico y de las primeras fundaciones monásticas.

Torreón en el claustro de la catedral de Tui. Foto: J.Cerdeira

Es hora de cambiar un poco de objetivos y abandonar el mundo monástico para visitar las rotundas iglesias fortificadas como la de la catedral de Tui, una obra que parece querer enfrentarse sola a la fortaleza que ocupa la otra orilla del río Miño. Dedicamos el viernes 23 a visitar esta iglesia fortificada en la que se conserva una bella talla de Tomás de Torquemada, el que fuera famoso inquisidor general de Castilla.

La Fortaleza, en Valença do Minho. Foto: J.Cerdeira.

Como no podía ser de otro modo, desde Tui nos acercamos a Valença a tomarnos su famoso "bacalhau" a la brasa. Valença, o mejor dicho, La Fortaleza, son uno de esos lugares en los que uno siempre se encuentra a gusto, especialmente si es amigo de las compras y el regateo, arte que, por cierto, se va perdiendo poco a poco.

"Porta ao Alen", en Cabanas. Foto: J.Cerdeira

Otra  de nuestras ocupaciones veraniegas fue la de acercarnos a los lugares donde se conservan vestigios de antiguas civilizaciones que conformaron la Galicia Prerromana. El primer lugar visitado lleva el nombre de "Mamoas das Cabanas", unas extrañas formaciones que a algunos nos recordaron las vistas en el monte Seixo (véase sino esa imponente "porta do alen" que nada tiene que envidiar a la tan espléndidamente descrita por nuestro amigo Calros Solla).


En nuestros recorridos nos acercamos también a los petroglifos de Campo Lameiro y a los de Mogor, éstos a dos pasos de la playa homónima.

El castro de Viladonga. Foto: M.Barros

Pero no nos detuvieron las distancia y, aprovechando nuestro viaje a Trabada, pudimos disfrutar profundamente del castro de Viladonga y de su museo y centro de interpretación anejo.  Es éste un castro un tanto tardío, que se adentra ya en la cultura romana, pero muy bien cuidado y de una gran riqueza que conserva magníficamente su museo.

La Ría de Arousa vista desde la isla que lleva su nombre. Foto: J.Cerdeira.

No os lo creeréis, pero entre comida y comida, todavía tuvimos tiempo para acercarnos a algunos parajes increíbles de nuestra Galicia amada y de disfrutar de algunas de sus playas. Lástima que el verano se haya acabado tan pronto...

Ramón María del Valle Inclán, un pontevedrés distinguido. Foto: J.Cerdeira.

Y, por supuesto, entre viaje y viaje disfrutamos de la parte vieja de Pontevedra, sin duda la más bonita de España, acompañados del gran Valle Inclán y de algunos de los manjares "de la Ría":


Y entre visita y visita... Foto: M.Barros.

Y el próximo verano..., más.







jueves, 29 de agosto de 2013

Apuntes Jacobeos: El pergamino en el que nada había escrito

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El pergamino en el que nada había escrito
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8.8.- El pergamino en el que nada había escrito. Estamos a principios del siglo IX cuando todavía es obispo de Iria Flavia el mismo Teodomiro que descubriera la tumba del Apóstol. Pero ahora en Compostela ya hay una pequeña iglesia, construida de barro y piedras sobre la tumba apostólica, y Teodomiro ya puede decir misa en aquel lugar venerable.

      Hoy, día del Apóstol, el obispo revestido de pontifical, con su mitra y sus largas ínfulas, se acerca al sagrado altar. Un amplio mantel de lino cubre la bruñida superficie del ara granítica donde va a tener lugar la ceremonia eucarística. Pero Teodomiro observa el mantel y adivina que bajo él hay algo, quizá un pequeño pergamino. Levanta la suave tela, introduce su mano y comprueba la veracidad de la suposición: es una carta, un pergamino doblado y lacrado a él dirigido. Mientras rasga con suavidad el sello, pregunta quien ha depositado allí la misiva. Los presentes se miran unos a otros hasta que uno de ellos se adelanta y dice:

      -Señor obispo, yo fui quien dejó ahí la carta por no atreverme a entregársela personalmente. Pero le ruego que la lea para que pueda conocer al pecador que les habla, para que todos puedan saber cómo he ofendido al Señor nuestro Dios una y otra vez, de tal manera que la tierra debería abrirse y tragarme aquí mismo. Léala, señor obispo, para que sienta cuanto antes la humillación de escucharla, la vergüenza de ver cómo me observan los demás, para que luego, tras ese amargo trago, pueda ser perdonado.

      Teodomiro, impresionado por las manifestaciones de aquel autoconfesado pecador, miraba al papiro reiteradamente, mas nada veía y nada podía leer...

      La historia había comenzado unos meses antes en la Apulia italiana. El peregrino había cometido todos los horrendos pecados que uno pueda imaginarse, y de ellos se jactaba impúdicamente, de forma que de todos eran conocidos. Pero un buen día la desgracia cayó sobre su familia, y él pensó acertadamente que tal vez la causa estaba en sus muchos pecados y en su falta de temor a Dios. Así que decidió arrepentirse y dejar de pecar.

      Con la máxima humildad se acercó el pecador al sacerdote que debía confesarle; mas éste, después de escuchar sus terribles pecados, por otra parte de público conocimiento, decidió que debería acudir al señor obispo para que una más alta instancia fuera quien le diera la absolución.  Fuese ante el obispo, que le escuchó atentamente, pero, a la hora de la absolución, le dijo que al ser públicos sus pecados también debía ser pública su pena. El arrepentido pecador se mostró conforme con lo que el obispo le decía, incluso cuando escuchó la dura penitencia: escribir todos sus pecados en un pergamino, peregrinar con él hasta la lejana Galicia, entregarlo al obispo Teodomiro, y pedir a éste que leyera todas sus faltas en público y le diera luego la absolución.


      El pecador lo había hecho todo tal como se lo habían ordenado, y había escrito los pecados con letra grande, con tinta espesa, muy negra, para que resaltaran y fuera mayor su humillación... mas nada podía leer el obispo Teodomiro, todo se había borrado, ya nada había escrito. Teodomiro comprendió que el arrepentimiento de aquel humilde pecador había llegado hasta el mismo cielo y que ya la absolución estaba concedida. Se limitó pues a recitar las palabras de rigor, ego te absolvo pecatis tuis..., y mandar al buen hombre de regreso a Italia.

sábado, 10 de agosto de 2013

Hoy recordamos: Tal día como hoy del año 997, Almanzor arrasaba Santiago de Compostela




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Almanzor, el martillo de Alá



Si Abderramán III es el rey de Al Ándalus y Averroes su filósofo, Almanzor es el soldado. Hace cosa de mil años, año arriba año abajo, protagonizó las más sonadas y triunfantes campañas militares por los reinos cristianos. Sembró el terror y arrasó Santiago de Compostela, centro espiritual de lo que había quedado de España. Su nombre permanecería grabado a fuego durante generaciones, y aún hoy es sinónimo de caudillo invencible, porque a Almanzor el victorioso sólo le derrotó la muerte.

A mediados del siglo X la antigua Hispania romana se había convertido en un califato musulmán. Los árabes que habían llegado tres siglos antes serían bárbaros iletrados, pero no tontos; se habían quedado con lo mejor: las costas del Mediterráneo, tapizadas de palmeras y naranjos en flor, y los fértiles valles del Ebro y el Guadalquivir, que son una delicia y huelen a azahar. Lugares, en suma, muy agradecidos, donde el Islam echó raíces y floreció.
A la cabeza de aquel reino se situaba un califa que residía en Córdoba, una antigua ciudad romana que viviría en estos siglos su gran momento histórico. Sacando partido de la jugosa herencia romana, los moros hicieron de Al Ándalus un califato próspero, poderoso y temido.
Muy al contrario, al norte, más allá del Guadarrama y en las sierras del Pirineo, malvivían un puñado de reinos y condados cristianos, despoblados y débiles, castigados por expediciones de castigo o aceifas que, regularmente, enviaba el califa para proveerse de esclavos y, sobre todo, de esclavas, muy apreciadas en la Corte cordobesa. Con esta vida de sufrimientos, los aperreados cristianos sólo podían esperar que llegase el Apocalipsis, que un guerrero llegado del sur les diese la puntilla. No olvidemos que estaban cerca del año 1000, y, según el calendario de San Juan, al mundo le quedaban cuatro días mal contados antes del inevitable Juicio Final.
Mientras negros nubarrones cubrían el horizonte de los españoles del norte, la familia de los Al Maafí, avecindada cerca de Algeciras y descendiente de un antiguo linaje yemení, vivía tan ricamente trayendo hijos al mundo. En su seno nació, a mediados de siglo, Abu Amir Muhammad, un joven ambicioso que, tan pronto como pudo, se trasladó a Córdoba para medrar y hacer fortuna en la capital. En Córdoba no ataban a los perros con longaniza, pero se había ganado el sobrenombre de la Perla de Occidente, rivalizando en grandeza y refinamiento con la misma Bagdad.
En la Corte, la carrera de Abu Amir fue meteórica. Estudió el Corán a fondo en alguna de las muchas madrasas que tenía la ciudad y se empleó como escriba, tomando al dictado las demandas que la buena gente analfabeta quería hacer llegar al califa. Sus labores debieron de ser tan apreciadas que un visir se lo presentó a Alhakén, un delicado príncipe amante de las letras y el arte. A él le debemos lo mejor de la mezquita de Córdoba y el palacio de Medina Azahara.
Abu Amir no estaba tan instruido como el califa ni poseía tanta sensibilidad artística, pero le birló a la favorita, la vascona Subh. Era muy habitual que los emires y nobles musulmanes enriqueciesen sus harenes con hermosas mujeres del norte, especialmente si eran rubias y metidas en carnes. Un gusto que, según parece, no ha decaído entre los árabes actuales.
Protegido por Subh, Abu Amir fue ascendiendo por los escalones del poder. El califa le nombró general y le envió al norte de África para que fuese fogueándose en las artes de la guerra o, quizá, para que dejase de enredar en el harén, porque la garbosa apostura del algecireño se lo estaba desgraciando.
En esas estaba cuando el califa murió. Su heredero, Hisham, tenía sólo diez años y era incapaz de hacerse con las riendas del Gobierno. Los espadones de la Corte, que de eso siempre hemos ido sobrados, pensaron que mejor sería liquidar al niño y nombrar a otro. Subh descubrió la trama y se lo dijo a su amante. Abu Amir era ya importante, pero no tanto como para hacerse con el poder. En un cónclave secreto, decidieron los notables del califato estrangular al aspirante. Nuestro hombre se presentó voluntario, y cuentan que lo hizo con sus propias manos.
Con Hisham correteando por las estancias de palacio y la reina madre Subh atendiendo sus deseos, Abu Amir se convirtió en una de las personas más poderosas e influyentes de Córdoba. Sólo dos hombres se interponían entre él y el poder: el visir Yafar al Musafi y el distinguido general Galib, glorioso vencedor de los cristianos. Hizo una jugada maestra para deshacerse de ambos. Primero acabó con el político, valiéndose de la ayuda del militar, al que luego dio matarile, y entremedias se casó con su hija, la bella Ismá. Digno de las mil y una noches.
A Musafi le tendió una trampa, y el antaño hombre fuerte de Alhakén terminó sus días estrangulado en la cárcel de Córdoba. El estrangulamiento era una muerte reservada a los reyes. Con Galib no fue tan suave: le dedicó una agonía terrible, después de enfrentarse con él en el campo de batalla. Cuentan que ordenó que le despellejasen y que sus restos fuesen crucificados delante del alcázar. El infierno mismo para un musulmán.
Sin enemigos incómodos, pudo al fin disfrutar del poder absoluto. Tenía sólo 40 años y la ambición intacta. Para igualar su gloria a la del califa mandó construir cerca de Córdoba un palacio a imagen y semejanza del de Medina Azahara, el de Madinat Al Zahira (la ciudad resplandeciente). Como no quería quedar por debajo de los califas y buscaba que el pueblo le viese como tal, encargó la última ampliación de la mezquita y se hizo llamar Al Mansur Bil Allah, el Victorioso de Alá; es decir, Almanzor, que es el nombre con el que pasaría a la historia.
La paradoja que se daba entonces es que Abu Amir sería todo lo Almanzor que él quisiese, pero no había ganado una sola batalla en condiciones a los cristianos. Todo se lo debía a su encanto, primero, y a su falta de escrúpulos, después. Un líder que quisiese ser apreciado en la Córdoba califal debía salir, al menos una vez en su vida, y dar su merecido a los infieles del norte. Ocupado como había estado en estrangular y despellejar a los que le hacían sombra, apenas había tenido tiempo de dar una dentellada a los crecidos cristianos que se aventuraban por las tierras del Ebro. Y eso era una intolerable mancha en su, por otro lado, inmaculado expediente.
Concibió entonces la idea de golpear a los cristianos como un martillo; es decir, todos los años, saquear sus campos, incendiar sus ciudades, profanar sus templos y convertir a los que quedasen con vida en esclavos. Nada del otro mundo: en la Edad Media no se hacían prisioneros. Las guerras eran así.
La primera campaña la dirigió contra León: arrasó Zamora y le dio un palo a la coalición de leoneses, castellanos y navarros que le estaban esperando en Rueda. Era sólo el principio. En 985 dejó a los leoneses respirar y dirigió sus fuerzas contra Cataluña. El conde Borrell, que le había prestado sumisión, no se lo podía creer; intentó parar el golpe, pero de nada le sirvió: la morisma se ensañó con Barcelona y devastó los condados aledaños.
Si era eso lo que le hacía a los amigos, los enemigos podían ir preparándose. En 987 un nuevo ejército abandonó Córdoba para asolar el reino leonés por lo que, andando el tiempo, sería Portugal. Arrasó Coimbra y se dirigió a por la presa más codiciada, la ciudad de León, un símbolo de la resistencia cristiana cuyos reyes eran herederos de Pelayo. No dejó piedra sobre piedra. El rey Bermudo, que tuvo que salir en estampida de la capital, se refugió en Galicia, donde pensaba que nunca se atreverían a entrar los bárbaros del sur. Se equivocaba.
El rey de Navarra, viéndolo venir, bajó hasta Córdoba para inclinarse ante Almanzor y ofrecerle su vasallaje. Esto era mucho más de lo que hubiera soñado el afortunado escriba de Algeciras: todo un rey, acaso el más respetado de la Cristiandad hispana, arrodillado ante él en el salón del trono de su palacio. Los botines obtenidos en las continuas aceifas estaban, además, colmándole de riquezas y engordando las arcas del califato. Tal cantidad de todo llegó a Córdoba en aquellos años que hasta bajó los impuestos, medida recibida con júbilo por un pueblo que le veía como un guerrero de leyenda. Para celebrar su fama se hizo llamar, aparte de Almanzor, Malik Karim, esto es, Rey Noble. Estaba a un paso de la corona, de convertirse por derecho en lo que ya era de hecho.
Los únicos que le enseñaban los dientes eran los castellanos. Castilla era un condado fronterizo de campesinos libres que, en sólo cien años, se había extendido desde el Cantábrico hasta Somosierra. Envió una expedición contra el levantisco condado y aplastó la resistencia en Gormaz, a la sombra de su espléndida fortaleza. Después se dio un festín saqueando Álava, Burgos y Soria.
La España cristiana estaba, en 997, en su momento más bajo desde la invasión musulmana. Sólo había que poner el broche final. Al frente de un nutrido ejército, se dirigió a Santiago de Compostela. Contra Almanzor no había victoria posible, por lo que los habitantes abandonaron la ciudad, animados por el obispo Mendoza. Los moros se cebaron a conciencia con uno de los corazones de la Cristiandad. Normal que muchos pensasen que el fin del mundo estaba cerca.
Para que quedase constancia de su hazaña, ordenó llevar las campanas y las puertas de la catedral hasta Córdoba y a hombros de esclavos cristianos. Las primeras fueron devueltas a Santiago por Fernando III; a hombros de moros, claro. Las segundas forman parte del techo de la mezquita.
La gesta compostelana le convirtió en un personaje mítico del que se hablaba en todo el mundo islámico, desde los arenales de Persia hasta el Magreb.
Tan sólo le quedaba por castigar un reino cristiano: Navarra. Ésta, aunque obediente, no iba a librarse del martillo de Alá. El último año del primer milenio Pamplona fue salvajemente pillada e incendiada. La aceifa continuó por los valles del Pirineo donde, poco después, nacería el reino de Aragón.
Veintitantos años de guerra, aunque sean victoriosos, pasan factura a cualquiera, y Almanzor, ya sesentón, no era una excepción. Su última campaña la dirigió contra Castilla, la irreductible Castilla, que no le daba más que disgustos.
Corría el verano del año 1002. Se encontraba guerreando en Soria, se puso malo y murió en algún lugar de las serranías ibéricas, cerca de Medinaceli. Acababa, eso sí, de saquear el monasterio de San Millán de la Cogolla, el mismo lugar donde, unos años antes, nuestra lengua castellana había dado su primer balbuceo.
Siglos después, y para quitarse la mala conciencia de no haber podido ganar una sola escaramuza contra Almanzor, los cronistas cristianos se inventaron una batalla en la que las tropas andalusíes mordieron el polvo, la de Calatañazor. De aquí nacería aquello de "Calatañazor, donde Almanzor perdió su tambor". La batalla no existió, pero hasta hoy perduran sus ecos.
El califato quedó en manos de su hijo, Abdelmalik, que se lo disputó con su hermano, y éste con un general que terminaría por extinguir la estirpe de Almanzor. Envuelto en mil disputas, el califato fue de mal en peor, y en pocos años se vino abajo.
La estrella de Al Ándalus comenzaba a decaer, pero eso los baldados cristianos no lo sabían; apenas acertaban a escribir acongojados: "En el año 1002 murió Almanzor y fue sepultado en los infiernos". Razón no les faltaba.
Libertad Digital: Pasajes de la Historia de España

viernes, 2 de agosto de 2013